lunes, 7 de septiembre de 2015

El extintor aguerrido y fiero

Soy uno de tantos en tantos sitios, quizás nada especial en el día a día; pero tengo la capacidad de salvar vidas, aunque sea de manera indirecta. Ser extintor en una plataforma de Contact Center no es que sea lo más apasionante del mundo, pero no me quejo, vean ustedes.

Es curioso lo inevitablemente inútil que puedo ser durante la totalidad de mi existencia, ¿no os parece? Aquí paso mis días, colgado de la pared en una esquina del pasillo. Los chicos que pasan por mi lado apenas se dan cuenta de que estoy aquí; venga, vale, ni saben que existo la mayoría de ellos. Tampoco les culpo, a decir verdad les entiendo.

La máquina de café me mira muchas veces con cierta sonrisa insultante. Tampoco me lo tomo a mal, supongo que yo en su lugar haría lo mismo. Ella es la protagonista del lugar y yo el patito feo. Recuerdo el día en el que la trajeron hace apenas tres meses y medio. Llegó acojonada, tímida y distante, con rostro sombrío. Pero con el tiempo "se ha venido arriba" y ya no hay quien la tosa, no seré yo quien lo haga.

Como os decía al principio, a pesar de esta mustia y afligida condena de vida que tengo, dispongo de la heroica capacidad de hacer algo que los demás no pueden, salvar vidas. Si aquí hubiese un incendio, Dios no lo quiera, yo serviría para apagarlo. ¿Quién se iba a acordar entonces de la maquinita de café? Puedo decir con la cabeza bien alta que soy algo así como el Paladín de esta planta. Si bien es cierto que no soy el único en todo el edificio, ni mucho menos, ya que tengo muchos compadres por aquí, en este piso mando yo, y si hay fuego, éste tendrá que vérselas conmigo cara a cara.

Ya ven que soy valiente y aguerrido. Sueño muchas veces con una proeza así y pasar a la historia como el héroe que luchó y venció al fuego, ¿quién va a privarme de tal disfrute? Sí, lo sé, si tal situación se diese yo pasaría a mejor vida y dejaría de existir. Pero moriría matando y con orgullo.

La mayoría de los objetos cumplen su función desde el primer día: un vaso, un teléfono, un sofá... etc. Piénsenlo por un momento. Sin embargo, en mi caso es diferente. Y no me queda otra que soñar con que algún día llegará mi momento, ese para el que fui creado y vine a este mundo.


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